Emprendimos el viaje un viernes por la noche; no teníamos intención de llegar muy lejos, tal vez sólo recorrer 100 km desde nuestra casa, pero queríamos empezar el viaje por la mañana, nada más despertarnos y llegar cuanto antes a Portugal. Si eso significaba pasar la noche en una gasolinera junto a varios camioneros, íbamos a hacerlo.

El sábado a las 19:22h cruzamos la frontera de Portugal. Una frontera, que más allá de unos carteles y unos puestos automatizados para vincular tu matrícula a una cuenta de crédito y así poder pagar los peajes sin ningún problema, no existe.

Nuestra idea era no parar hasta llegar a Tavira, nuestro primer destino, pero al igual que nos pasará en varias ocasiones durante el viaje, paramos. Nos habían cautivado las dos fortalezas que reinaban majestuosas las colinas de Castro Marim.

castro marim

Qué ver en Castro Marim

Las fortificaciones que vimos son el Castelo, mandado a construir por Alfonso III en el siglo XIII para defender la frontera española, y el Forte de São Sebastião, mucho más pequeño y que se encuentra en una colina próxima.

Éste último está cerrado al público pero el Castelo se puede visitar por 1,10€. Dentro podrás ver la Igreja de Santiago, un museo de artefactos de la Edad del Hierro y unas vistas, que dicen que son increíbles, de España.

Por desgracia, nosotros no pudimos entrar, en parte porque cerraban a las 19h pero estamos seguros que merece la pena una visita porque por fuera es espectacular.

Es famosa la Reserva Natural do Sapal de Castro Marim e Vila Real de San Antonio formada por salinas y humedales. Al parecer es muy visitada por los flamencos, entre otras aves como las cigüeñas.

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Callejeando Castro Marim

Lo que si hicimos fue pasear por este pueblo fronterizo. Nos sorprendió ver lo distintas pero parecidas que son España y Portugal. Cinco minutos después de cruzar la frontera, y a pesar de la hibridación provocada por esa misma frontera cercana, se apreciaba diferencias y no era tan solo cuestión de idiomas, si no del propio pueblo y su gente; del supermercado al que entramos, como casi siempre hacemos, para echar un vistazo y descubrir las diferencias y similitudes, los precios y los productos típicos de la región que se encuentran en sus estanterías.

Edificios habitados con fachadas de azulejos y otros abandonados, dejados a los caprichos del tiempo y de los humanos. Se respiraba una desconcertante decadencia en sus calles.

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Cómo pudimos comprobar más tarde, esa dejadez y abandono es común en Portugal, al menos por las zonas en las que nos hemos movido. Y a pesar de darle un aire especial al lugar, es una lástima esa forma de desaprovechar el espacio y, en ocasiones, de la perdida de edificios que antaño debían ser majestuosos.

Ya al atardecer pusimos rumbo hacia Tavira, donde pasamos la noche en un furgoperfecto que se encuentra cerca de un embarcadero y justo al lado tiene el Forte do Rato. Nos sorprendió ver la cantidad de campers que habían y casi todas eran españolas.

Es un lugar muy tranquilo y con unas vistas preciosas. Eso sí, en verano por la mañana empieza a llenarse. Yo salí a las 8 a.m. a dar un paseo mientras Michy seguía durmiendo y me sorprendió ver que en cuestión de una hora el lugar se estaba llenando de gente con sus perros. Yacko habría sido muy feliz 🙂

tavira

En el siguiente post de la ruta por el Algarve os hablaremos de lo que vimos en Tavira y de Santa Luzia. No os lo perdáis. Para eso es tan fácil como seguirnos en nuestras redes sociales 😉

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