Ha pasado más de un mes pero aquí está la segunda entrega del viaje que hicimos en camper por nuestro aniversario. Una sorpresa que Michy me dio y que no me esperaba en absoluto pero que acabó convirtiéndose en una de las mejores experiencias hasta ahora. En esta ocasión, el destino fue Mora de Rubielos (Teruel).

Podéis leer la primera entrega de este diario en este enlace.

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Llegamos a este pueblo aragonés un lunes por la noche después de haber pasado el día en las Ruinas de Moya y de haber cenado en Teruel.

El pueblo lo escogió Michy porque hacía unas semanas lo vimos de pasada y nos enamoramos de él y decidimos que algún día tendríamos que hacer una escapada y visitarlo. Y así fue. Al principio pensábamos que estaba en la lista de los Pueblos más Bonitos de España pero no, no hay que confundirlo con Rubielos de Mora que sí que está dentro de la Asociación.

Este pueblo está en la Sierra de Gúdar y se encuentra a 1,035m de altitud. Está a casi 1h 30 min de Valencia y a aproximadamente 45 min de Teruel, así que los de la zona lo tenemos cerquita y merece la pena visitarlo. Se ve en un día así que si está de paso podéis parar. Fue declarada en 1978 Conjunto Histórico – Artístico por la Dirección General del Patrimonio Artístico. En 1931 el Castillo fue declarado Monumento Nacional y posteriormente, en 1944, la Colegiata. Como veréis, merece la pena la visita.

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Tuvimos que pasar la noche en un aparcamiento público que hay en el pueblo ya que la idea de dormir en medio del bosque quedó descartada por culpa de la Guardia Civil que nos impidió encontrar el sitio adecuado. La verdad es que a las caravanas y furgonetas vivienda se les persigue mucho y hay bastantes limitaciones por lo que hay que tener cuidado donde se deja el coche y si se aparca o acampa, pero eso nosotros nos enteramos mucho más tarde.

Aparcamos, preparamos la cena y la camper para pasar la noche (añadiendo los aislamientos a las ventanas delanteras, pasando las cortinas para tener más intimidad, montando la cama, etc). Pasamos un buen rato haciendo todas esas cosas y acabamos la noche acurrucados en la cama mientras veíamos The Bing Bang Theory, serie a la que estamos enganchadísimos.

Nina (la furgoneta se llamaba así) nos estaba conquistando cada vez más y solo nos faltaba Yacko para estar al completo. Nos veíamos ya haciendo grandes, largos y emocionantes viajes en ella, los tres. Nos imaginábamos a Yacko correteando por los campos y descansando tirado a la bartola en el suelo de la camper… pero por desgracia no era nuestra. Sabíamos que pronto tendríamos que devolverla así que queríamos disfrutarla al máximo.

Dormimos genial y eso que teníamos la duda de que no fuese muy cómoda pero nada que ver. Era comodísima y en ningún momento me sentí agobiada (aquí una servidora es un poco claustrofóbica).

Al día siguiente, por la mañana, decidimos ir a las afueras y desayunar en medio del campo. La noche anterior vimos un pequeño camino en el cual podíamos aparcar y ahí nos dirigimos. Es una experiencia muy gratificante el desayunar tranquilamente y con un té caliente en la mano observar la naturaleza y las hojas congeladas que otorgan cierta belleza extra al entorno.

Nos lo tomamos con calma, disfrutando de esa tranquilidad y de la comodidad que ofrece una camper. No teníamos prisa. En ese viaje lo que más merecía la pena no era los lugares a visitar – que también – si no el propio viaje. Supongo que cuando se viaja en furgoneta o una caravana lo que realmente importa es el viaje en sí, disfrutarlo y apreciarlo, por eso pensamos que esta clase de viajes implica una filosofía diferente y única por sí misma.

Al final nos movimos y volvimos al mismo aparcamiento de antes y decidimos que lo que nos interesaba más del pueblo era ver el Castillo. Aparcamos y nos fuimos directos a él porque cerraban a medio día y no queríamos perdérnoslo.

El castillo se encuentra encima de una plataforma rocosa de muy fácil acceso. Podéis dejar el coche ahí mismo o en el aparcamiento público del pueblo. Es una fortificación musulmana aunque en 1171 fue conquistada por Alfonso II. Es un monumento muy representativo del estilo gótico mediterráneo.

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Por 2€ por persona tienes acceso a la planta baja y al subsuelo donde se encuentran las diferentes mazmorras y criptas. La duración es aproximadamente de una hora y en la entrada te explican muy bien que ver y qué ruta tienes que seguir para sacarle el máximo partido a la visita. También está ahí una oficina de Turismo (es el mismo mostrador que el de la venta de entradas) así que si queréis podéis pedir un mapa del pueblo y que os señalen lo más emblemático de Mora de Rubielos.

En la visita al Castillo podéis ver una exposición de armas antiguas que hay en el Patio de Armas Porticado, acceder a los sótanos que fueron utilizados como despensas, las antiguas caballerizas que durante un tiempo se usaron como cárcel; de hecho tienen expuestas las verjas originales. Además del Gran Salón, el Comedor o las Antesalas. En el propio plano que os dan a la entrada aparece la historia de cada lugar y los diferentes usos que le dieron.

A nosotros nos encantó el Gran Salón porque había una exposición de espadas, una cama portable (si es que se llamaba así la camilla que transportaban unos pobres hombres con la noble o el noble de turno tumbados cómodamente) y un trono. Con el trono nos volvimos locos, vaya.

Nos gustó mucho el Castillo porque está muy bien cuidado y porque el poder bajar a las mazmorras y a las criptas le añadieron puntos a favor. De hecho, había una mazmorra ubicada justo debajo de los aposentos del Señor porque le gustaba escuchar los alaridos y los quejidos de los prisioneros. Muy macabro. Espeluznante, vamos.

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Cuando salimos de la visita ya era medio día así que fuimos a un supermercado a hacer la compra y buscamos un sitio para comer. Una cosa llevó a otra y una señal a otra y acabamos en el Embalse de Valbona a 15 min de Mora de Rubielos. Un lugar precioso. Nos encantó. Eramos los únicos que estábamos ahí así que en toda esa tranquilidad solo se escuchaba el rumor del agua y el canto de las hojas contra el viento.

Creo que fue en ese lugar donde supimos con total seguridad que tarde o temprano tendríamos una camper. La magia de esta forma de viajar y de este estilo de vida nos había conquistado por completo.

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Con la luz a punto de esconderse volvimos al pueblo. Aparcamos en el mismo sitio y fuimos a hacer la compra para la cena. Era el día de nuestro aniversario y decidimos que nos apetecía comprar lo que más nos apetecía comer y darnos una buena cena en el coche. El plan era visitar el pueblo e irnos para el siguiente destino, Morella.

Antes de emprender el viaje, visitamos el nuevo portal de Rubielos y también el primero, el de Cabra y el puente Viejo. Disfrutamos de la Plaza de la Iglesia donde está la Ex-Colegiata de Santa Maria y también los restos de las Murallas desde onde tuvimos unas vistas increíbles del pueblo al atardecer.

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Nosotros subimos por detrás y luego bajamos por el víacrucis que da al Arco del Calvario y que une en pueblo con la muralla pero creo que sería mucho más bonito hacerlo al revés.

El camino está iluminado pero las murallas no; llegó un momento en el que tuvimos que desplazarnos con la linterna del móvil para no pegarnos una hostia así que no hagáis como nosotros y no lo dejéis para el último momento, aunque es cierto que ver el atardecer desde ahí es increíble.

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Por último emprendimos el camino hacia Morella pero un pequeño y peligroso contratiempo hizo que pasáramos la noche en Cantaviejas, en un área para caravanas. ¿Cuál contratiempo? ¡El hielo! Bajando desde Valdelinares pillamos la carretera helada y nos llevamos algún que otro susto. Por suerte pudimos llegar hasta el pueblo más cercano y pasar la noche.

Como consejo… en invierno tener cuidado de hacer rutas de noche con temperaturas muy bajas porque es muy posible que las carreteras estén heladas o como poco, tengan escarcha. En cualquier caso es peligroso así que tened cuidado y si veis que no podéis seguir no pasa nada, parar y descansar en el pueblo o área de servicio más cercana. No merece la pena arriesgarse tanto.

No era como lo habíamos planeado pero tuvimos que celebrar nuestro aniversario ahí, sin embargo estábamos bien y lo mejor, juntos. Y eso es lo que queríamos y lo que nos había llevado hasta ese momento y lugar y sin buscarlo pero sí queriéndolo tuvimos una velada perfecta.

En la próxima página del diario os hablaremos sobre Morella y nos despedimos de Nina 🙁

¡Un abrazo enorme, golondrinas!

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